El famoso timo de la mancha

El famoso timo de la mancha

Puede que sea uno de los timos más viejos y conocidos, pero no por eso ha perdido su eficacia. El “timo de la mancha” sigue tan vigente como nunca y continua cobrándose víctimas en toda España.

El modo de ejecución se repite en todos los casos: una persona se acerca a otra, le mancha la ropa con algún líquido y el segundo implicado se ofrece a limpiársela. Pero ante el menor descuido, se queda con su cartera, el maletín o lo que primero que tenga a mano.

Este truco -porque eso es lo que es, una maniobra fugaz y certera- se desarrolla desde hace muchos años y se supone que su procedencia es latinoamericana. Generalmente se produce en la calle y sus autores son dos o tres carteristas experimentados. El resultante se da cuando uno de los sujetos en cuestión arroja sobre la ropa de la víctima una sustancia que manche, como podría ser tinta, salsa de tomate o aceite. Ahí es el momento en el que aparecerá un segundo individuo, curiosamente “solidario”, para interesarse por el hecho ocurrido. Acto seguido, se ofrece muy amablemente a limpiarle la prenda manchada a la persona que va a ser robada.

Ese momento mínimo de distracción en la que persona accede -entre su asombro por lo ocurrido- se convierte en crucial. La víctima está ante un ladrón veloz, casi un prestidigitador, que vaciará los bolsillos, se apoderará del maletín o se llevará la cartera en un abrir y cerrar de ojos. También el reloj o el teléfono móvil, si fuera posible.

Las cantidades sustraídas varían de acuerdo a lo que la victima haya extraído de su cuenta, pero se estima que el botín en esta clase de hechos oscila entre los 1.000 y 10.000 euros. Y es que, en realidad, el “timo de la mancha” comienza en la ventanilla de una sucursal bancaria. Un merodeador se encontrará vigilando las cantidades que extraen los clientes del banco, o también de un cajero automático. Allí avisará a sus cómplices que se encuentran fuera esperando a la potencial víctima. O directamente ellos emprenderán la ejecución de la maniobra. Después vendrá el resto.

PERFIL DE LA VÍCTIMA Y DEL LADRÓN

Quienes ejecutan esta clase de prácticas delictivas, como casi siempre sucede, son personas que visten elegantemente –hombres o mujeres, indistintamente-, no despiertan la más mínima sospecha y se dirigen siempre de modo muy amable y cortés. Razón por la cual un desprevenido, ante esa situación, accede sin preocupaciones. Mucho más aun si se tiene en cuenta que las víctimas suelen ser personas de avanzada edad. Los ancianos son el blanco preferido de estos ladrones, ya que oponen menor resistencia y ceden más fácilmente ante la “amabilidad” de los carteristas, pecando de inocentes.

VARIANTES

Otra modalidad que admite este mismo timo consiste en realizar la misma práctica pero desde una ventana. La sorpresa para la víctima es aun mayor. No se trata de un transeúnte, sino que de un balcón o el ventanal de una casa es desde dónde se produce el hecho. El siguiente paso es el conocido: la aparición de uno o varios cómplices que, misteriosamente altruistas, se dispondrán a tratar de retirar la mancha de la prenda ensuciada intencionalmente. La persona, abrumada ante tamaña demostración de solidaridad, suele optar por despojarse de la prenda manchada, quedando a merced de los carteristas.

Pero no solo en salsas, tintas u otras sustancias “tradicionales” se centra este timo. Se han conocido versiones en distintas partes de Europa que hablan de una modalidad mucho más cruenta e injuriosa. Desde un balcón o ventana cae materia fecal directamente sobre la cabeza de la víctima. Obviamente, quien lo sufra no saldrá de su asombro y no dudará en recibir ayuda. Mucho más aun cuando los buenos samaritanos le digan que vieron a una persona defecando en un balcón segundos antes. También se verá sorprendida la víctima cuando no encuentre sus pertenencias…