Ladrones en familia

Ladrones en familia

Cuenta un policía que un día llegó a una distinguida tienda de Marbella una adinerada mujer árabe. Iba a comprarse ropa interior. Dejó a sus escoltas en la puerta y el bolso sobre el mostrador. Mientras se probaba las prendas, una rubia de aspecto muy refinado entró en el comercio, miró algo de ropa y tras coger el bolso ajeno se perdió de vista. El botín fueron nada menos que 75.000 dólares. Los golpes casi siempre se basan en el descuido, aunque no suelen ser tan sustanciosos. Al contrario. Generalmente las cuantías de lo robado son pequeñas, lo que garantiza a sus autores unas penas irrisorias en caso de que los pillen.

En Málaga, la Policía Nacional tiene identificados a unos 200 ladrones que pertenecen a clanes familiares y que acaparan casi el 80% de los hurtos que se cometen. No son ladrones ocasionales, sino profesionales que hacen de su actividad ilícita su modo de vida. “Están permanentemente expectantes, siempre buscando una presa fácil. Son obreros del hurto”, apunta un policía.

Aunque son rateros de poca monta y sin grandes estrategias, “castigan” a la provincia con sus acciones. Los hurtos no tienen la gravedad de un homicidio o de un delito contra la libertad sexual, pero representan el 36% del total de la actividad delincuencial. Un peso cuantitativo que ha impulsado a la Policía Nacional a poner en marcha un plan en colaboración con las Policías Locales para atajar sus actuaciones que aunque sólo se refieren a un tipo delictivo -y de menor entidad en cuanto a su gravedad- representa un daño de muchos millones de euros.

Algunos de los ladrones de estos clanes identificados por las fuerzas de seguridad tienen hasta una treintena de antecedentes. Sin embargo, pocas veces acaban en prisión. Su itinerancia, la falta de un domicilio donde citarlos, el uso de menores y la levedad de las penas se confabulan a favor de su impunidad. El plan policial pretende registrar todos los golpes de cada clan para demostrar su multirreincidencia y que sobre ellos caiga todo el peso de la ley.

A diferencia del delincuente nacional o latinoamericano que actúa como comando autónomo, estos ladrones -la mayoría rumanos y algunos búlgaros- trabajan con su clan. En grupos de tres o cuatro. Unos roban y otros vigilan que los demás puedan dar el golpe impunemente. En muchas ocasiones, el que comete el hurto es un menor de edad. Así intentan burlar la ley con más facilidad en caso de que los pillen. De ahí que el plan policial contemple poner a los menores que sean atrapados delinquiendo con estos grupos a disposición de la Fiscalía y de la Junta de Andalucía para su protección a fin de que no sean iniciados en el mundo de la delincuencia.

Después de un año de trabajo, la Policía Nacional ha elaborado un registro de quiénes son, a qué clan pertenecen y hasta les ha puesto cara. Una base de datos fotográfica facilita la labor policial y a la vez sirve para que sus víctimas puedan identificarlos en caso necesario. El plan en el que se han implicado las Policías Locales de las ocho ciudades más importantes de la provincia pretende concretar los lugares, días y franjas horarias preferidas por los cacos. El objetivo es adelantarse a ellos; echarle por tierra sus planes. Con esa meta, policías nacionales y locales han creado una especie de foro en el que ponen en común en tiempo real toda la información sobre estos clanes. Además, los agentes intensificarán la vigilancia en los lugares de gran concentración de personas como mercadillos, estaciones de autobús, de tren, aeropuerto y grandes superficies. Todo con un único fin: reducir el número de hurtos y hacerle comprender a estos clanes que su ciudad no es un terreno fácil para el delito.