Un robo con glamour… ¿o no?

Un robo con glamour… ¿o no?

Nos gustaría contaros que la realidad supera a la ficción. Nos gustaría poder contar la historia de un hombre que ha evadido la justicia cometiendo un gran robo de guante blanco, que tiene un estilo a lo Robin Hood-Armani, y que va por la ciudad como si fuera Pierce Brosnan en ‘El secreto de Thomas Crown’, rodeado de misterio, glamour, sustracciones de obras de arte y complicadas estrategias para timar a la inteligencia policial. Sería divertido vernos de parte del ladrón, porque simpatizamos con él y deseamos que salga victorioso, porque tiene algún sentido de la justicia, porque prevalece aquello de que está engañando al Estado, porque sus robos artísticos aparentemente no dañan a nadie, y porque lo envuelve todo ese aire de Hollywood tan apetecible.

Así que cuando leemos que un anticuario británico ha robado un tomo de 1623 de Shakespeare y ha huido a Cuba, pues la imaginación funciona creando una historia de película e incluso alguna aventura masónica… Pero no, Raymond Scott no ha resultado un héroe admirable, nos ha quitado de un plumazo toda la fantasía con su robo poco delicado y estiloso…

‘Un anticuario británico desempleado, Raymond Scott, fue condenado hoy a 8 años de cárcel por poseer y sacar del Reino Unido una valiosa primera edición de “First Folio”, una colección de las obras de Shakespeare de la que se conservan menos de 250 ejemplares originales.

Al dictar sentencia en un tribunal de Newcastle, el juez Richard Lowden dijo que Scott, quien vivía como un playboy y conducía un Ferrari pese a acumular enormes deudas, es “un fantasioso” y, “hasta cierto punto, tiene un trastorno de personalidad” .

El procesado, de 53 años, fue descubierto con el tomo al intentar ofrecérselo a la Folger Shakespeare Library de Washington, uno de los centros de investigación sobre el bardo más importantes del mundo.

Allí, el personal reconoció el libro y llamó a la Policía, al FBI y a la embajada británica.

A partir de ahí empezó un proceso en el que se reveló que Scott había rasgado parte del volumen, publicado por primera vez en 1623, para ocultar su procedencia, lo que el juez calificó hoy de puro acto de “gamberrismo cultural” de un “tesoro inglés” .

“Su motivación era el beneficio financiero” , afirmó el magistrado, quien añadió que Scott urdió el plan para “financiar un ridículo estilo de vida de playboy con el que impresionar a una mujer que había conocido en Cuba.

Decepcionante e indignante, roba un obra maestra, pero al menos consérvala entre algodones, Pierces Brosnan de pacotilla…

Gracias a Vanguardia.